Istmo de Tehuantepec
La luz rebota en el oro de los dientes de la tehuana que enhebra en la aguja del aire el pregón de las blandas y las clayudas en la puerta del mercado al que entro cegado. Se acostumbra el ojo a la penumbra justa, al resguardo oloroso de los frutos que forman efímeras pirámides, a las telas multicolores bordadas de tiempo, al instante recamado de copal. Prisma fortuito el aire que colorea lo invisible.
Publicado por
Fernando Enbeita