Tarde
Parado bajo el cielo gris en la soledad de San Miguel Tzinacoapan un relámpago me despierta de la modorra de siglos, restos sobre restos, pliegues y meandros en la piedra, profundas heridas minerales que el tiempo guarda. Sigilosas explosiones que se pegan a las paredes silenciosas, íntimas, dejando en el recuerdo un olor a humo de ramas secas que arden su mensaje cifrado en el viento.
Publicado por
Fernando Enbeita